jueves, 11 de octubre de 2012

El cómico que nunca calló

La paradoja de decir miles de palabras, sin coherencia ni orden… Y expresar ideales humanos. Esto fue lo que logró un grande del cine mexicano y del habla española en general; Mario Moreno Reyes no es un nombre que llame especialmente la atención, sin embargo Cantinflas retumba en los tímpanos de multitudes y trae a la memoria antiguas obras espectaculares del cine de comedia. 

Este actor, nacido en Ciudad de México en 1911, de humildes orígenes y juventud trabajadora, alcanzó fama como humorista en circo y teatro a temprana edad. A finales de los años  veinte crea al personaje que le dará éxito, y en 1936 llega a la pantalla grande con “No te engañes corazón”. 

Su comicidad esta basada en la habilidad de pronunciar largos monólogos llenos de delirantes verbalismos, balbuceos e indeterminable verborrea de una gran fluidez y continuidad, que al final no daban a entender nada; las reacciones ingenuas ante problemáticas situaciones y su extravagancia fueron complemento de su comedia.




Su relevancia no solo le viene por las partes cómicas de su trabajo, sino también del carácter pedagógico de sus obras, donde sobresalen valores como la humildad, autenticidad, positivismo, dignidad laboral, caridad y bondad, también dedicó críticas y denuncias a las desigualdades e insolidaridad sociales a través de cine, todo con el fin de hacer al mundo un lugar más humano.


En su vida seguía estos ideales, en obras caritativas y fundaciones para necesitados; en los últimos años de su vida participó en actos sociales y políticos, murió en 1993 dejando una huella que ni cien años han podido empañar. 



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