La paradoja de decir miles de palabras, sin coherencia
ni orden… Y expresar ideales humanos. Esto fue lo que logró un grande del
cine mexicano y del habla española en general; Mario Moreno Reyes no es un
nombre que llame especialmente la atención, sin embargo Cantinflas retumba en
los tímpanos de multitudes y trae a la memoria antiguas obras espectaculares
del cine de comedia.
Este actor, nacido en Ciudad de México en 1911, de
humildes orígenes y juventud trabajadora, alcanzó fama como humorista en circo
y teatro a temprana edad. A finales de los años
veinte crea al personaje que le dará éxito, y en 1936 llega a la
pantalla grande con “No te engañes corazón”.
Su comicidad esta basada en la habilidad de pronunciar
largos monólogos llenos de delirantes verbalismos, balbuceos e indeterminable
verborrea de una gran fluidez y continuidad, que al final no daban a entender
nada; las reacciones ingenuas ante problemáticas situaciones y su extravagancia fueron complemento de su comedia.
Su relevancia no solo le viene por las partes cómicas
de su trabajo, sino también del carácter pedagógico de sus obras, donde
sobresalen valores como la humildad, autenticidad, positivismo, dignidad
laboral, caridad y bondad, también dedicó críticas y denuncias a las
desigualdades e insolidaridad sociales a través de cine, todo con el fin de hacer al mundo un lugar más humano.
En su vida seguía estos ideales, en obras caritativas
y fundaciones para necesitados; en los últimos años de su vida participó en
actos sociales y políticos, murió en 1993 dejando una huella que ni cien años han podido empañar.
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